Sobre una montaña marrón y verde Vicky alzó su mano y un relámpago recorrió su cuerpo hasta llegar al suelo. La dejó convulsionando y escupiendo sangre. Cuando se levantó estaba en el ascensor. Miró hacia el horizonte y vio a un hombre, que la miraba y se desvanecía. La nube a su alrededor también comenzó a desvanecerse y afinarse hasta que Vicky cayó asustada. Gritó hasta que no le quedó nada en los pulmones, como gritan los niños al nacer y después de un rato despertó.
"¿Qué te pasa Victoria?
Armando fumaba un cigarro mientras veía en la ventana que le daba al patio interior un chaparrón inusitado sobre el verde. Había comprado la casa hacía mas de tres años y todavía le gustaba ese verde. Se acercó a Vicky y vio que recién despertaba.
"¿Estás bien?
Perdón, es… no es nada. Tuve un sueño raro… Vos estabas ahí pero al mismo tiempo no. No sé, te desvanecías.
"¿Algo grave?
¿Si no lo fuera estaría llorando?
"No sé. Hace un rato gritabas también.
¿Anoche?
"No, hoy a la mañana.
También.
Victoria se ruborizó un poco y Armando le leyó el pensamiento.
"Si, anoche era otra cosa. Nunca te había visto así.
Victoria por fin se animaba a disfrutar un poco mas aquello que para él se transformaba en rutina. Armando lo sabía y por eso jugaba a tener esa recia actitud aunque a veces sentía que estaba todavía en el trabajo y no siempre tenia ganas de jugar. Se tardaron quince minutos y Vicky cayó rendida, hasta contenta.
"Vicky, cuando estés lista baja y tomate el 113. No lo tomes a mal, sabes que si pudiera te llevaría. Vestite y andá. Ya te hice preparar unas prendas por Olga. El desayuno te lo dejo abajo, no te tardes.
Armando se subió al auto. La mucama aún tenia las llaves con las que había entrado en la mano y eran las seis de la mañana. Vicky entraba ese sábado a las ocho y media pero todo parecía evidenciar que llegaría mas tarde. Cuando Armando llegó a su empresa marco su tarjeta y la de Vicky también. En el ascensor se la cruzó a Romina la miro pero no le dijo nada. Subió a su oficina y encendió la computadora. Considerando que los italianos vendrían ese día tenía trabajo que hacer. Mientras tanto Vicky se subía al colectivo que la dejaba a media cuadra del trabajo.
Por Daniel R.

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