viernes, 4 de febrero de 2011

Capítulo 5: Voglio una donna!



Cuando María Luz fue al baño esa mañana quedó pasmada: habían cambiado el inodoro. Fue lo primero que notó; estaba distraída, había muchos cosas en que pensar ese día. No fue hasta que se sentó que vio los nuevos artilugios; la canilla también era nueva y se activaba automáticamente al pasar la mano. Lo mismo ocurría con el secador de manos. El tacho de la basura se abría y cerraba solo.

No tuvo tiempo de decírselo a nadie: a dos pasos de la puerta fue interceptada por dos enormes brazos latinos.

"Bongiorno, bambina! Questa bambina?


El tipo preguntaba por ella como si no estuviese presente.

"Impiegata, impiegata!! 1

Respondió Armando en un acento muy particular.

"Bene, bene…

Y siguieron recorriendo el pasillo. Luz se quedó mirando el sector de tecnologías. No se habían vestido de etiqueta, pero eso sí: nunca habían llegado tan temprano.

En la sala de reuniones esperaban los demás. Algo habían aprendido en general: a Armando le gustaba ser el primero en conectar con los inversores. Todos estaban de acuerdo: era una figura joven, atractiva, divertida y sobre todo arriesgada. A cualquier remendado empresario que entraba a la empresa le gustaría pensarse así en su juventud.

Cuando entraron los dos viejos con trajes 2.0 a la italiana todos se pararon y saludaron. Armando llevó adelante la reunión con toda naturalidad e histrionismo. Ya entrados los negocios, los italianos comenzaron a hablar perfecto español y todos se sintieron más cómodos salvo Armando, que intentaba mostrar en todas sus funcionalidades un programa que estaba lejos de estar terminado. 

En un momento comenzó a ponerse nervioso. Todos notaban que su histrionismo se hacía más artificioso y sus palabras perdían  espesor. Romina miró hacia los programadores sólo para notar su inmutable expresividad de heladera. Era ella, quién más, la mano derecha de Armando la que debía salir al paso. Para algo había traído papeles y papeles y ppts y la minifalda de Tommy Hilfinger salida antes de ayer. Sin embargo, la palabra que dejó salir Armando, casi como un grito, la dejó helada.

"¡Vicky!

Vicky se paró inmediatamente y todos se volvieron hacia ella. No vestía más que un pantalón fino bastante suelto y una camisa con cierta transparencia, pero los italianos no pudieron dejar de mirarla. Serían sus ojos o su cabello rubio iluminado por el sol del mediodía. Armando sabía qué era: era su actitud de candidez. Y algo de verdad había de eso: Vicky se sintió tan observada que no pudo evitar ruborizarse.

"Project Manager de este proyecto. Ella les va a hablar de la curva de oportunidades.

La Project Manager pasó una mano bajo la mesa y se le corrió la media. No podía dejar de zapatear con frenesí.

Vicky se acercó al mouse, agachándose hacia la mesa para reproducir su presentación. Inmediatamente la mirada de todos bajó treinta grados. Armando sabía que las cosas no estaban terminadas ni mucho menos, pero con Vicky se aseguraba de que los viejos carcamanes se dieran la oportunidad de no resignar la inversión para volver por lo menos una vez másen los próximos meses.

Cuando salieron los italianos, Armando los acompañó hasta el deck donde tomaron unos aperitivos que María Luz había preparado durante la reunión. Uno de ellos, el más redondo, se quedó charlando con María Luz. Cuando pasaba a su lado, Armando le dijo a Vicky: 

"No sueltes al otro.

Y mientras charlaba con los simpáticos extranjeros en cocoliche y hacían sonrisas forzadas a la hora de la siesta y recibía invitaciones a la gala de cierta empresa de perfumes esa misma noche y su amiga Romina, verdadera Project Manager del sitio, se le acercaba por detrás y saludaba al inversionista italiano con la gallardía de la mejor de las resistencias, Vicky vio a aquel hombre joven de traje que volvía a la sala de reuniones a impartir gritos a sus empleados y pensó que… quizá sintió… que se estaba enamorando.

Pablo Z.


1- Empleada, empleada! (en italiano)

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