Victoria terminó el tercer café y jugó a contar con los dedos la cantidad de segundos que le duraba el efecto.
No llegó a terminar la segunda mano. Eran las ocho de la noche. Tenía el documento a la mitad pero Roque, el seguridad, seguiría allí por unas horas más.
No llegó a terminar la segunda mano. Eran las ocho de la noche. Tenía el documento a la mitad pero Roque, el seguridad, seguiría allí por unas horas más.
Por detrás de su escritorio, cada tanto pasaba Romina. Sin nada en particular. Sólo pasaba. Y a veces comentaba.
"¿Y? ¿Qué hacemos el viernes?
Dijo Victoria.
"Llamame y arreglamos.
Victoria volvió a su interminable documento. ¿Cambiaría algo si lo dejaba así? ¿Era suficiente terminarlo y tener que revisar y reescribir lo trasnochado al día siguiente?
Esperó que Romina volviera a pasar pero no lo hizo. Entonces guardó el documento, guardó todo, apagó el sistema y salió. Roque, el siervo moderno alto y flaco, con la sonrisa más encantadora de la tercera edad, se levantó excitado.
"Voy saliendo, Roque.
Y cruzó frente a él. En el otro sector había alguien más, pero no era Armando. Era una joven nueva, muy callada. María Luz.
"¿Tercer café?
Luz tenía los auriculares puestos. La taza daba la impresión de que la habían recalentado un par de millones de veces. Cuando pasó más cerca notó que Luz no era tan joven como le había parecido en primera instancia.
"¿Ya cierran?
Pobre alma. Tenía miedo de quedar encerrada.
"No te preocupes. Son las ocho y media. Está Roque.
Buenísimo… Suerte, hasta mañana…
Como toda nueva dijo "suerte" con ganas, aunque no el "buenísimo" y volvió a calzarse la música. En la oficina de administración, sentada junto a las biromes finas, el portarretratos con una foto que Colin Powell y varias revistas con la foto de Armando en su portada, Romina chateaba.
"¿Te vas a quedar?
Ay, sí. No me gusta dejar sin terminar. ¿Vos? La entrega es mañana…
"Sí, pero ¿viste a los chicos?
¡A las seis y tres!
"No les importa nada.
Victoria se refería a los de programación, poco ávidos de horas extra que nadie les pagaba.
"No me hables de los genios, querés. Andá, anda a descansar que es tarde.
Victoria salió y volvió a pasar una vez más por su escritorio. Tenía la sensación de haber dejado la computadora prendida.
Romina siguió tecleando duro. Sus largas manos configuraban gigantescas grúas que caían sobre las teclas con una mezcla de apuro y venganza. Concentrada, no pudo saber cuánto tiempo pasó antes de que la puerta crujiera de nuevo.
"¿La entrega es mañana, no?
Romina tenía las piernas sobre el mostrador de un modo que era apropiado para una bailarina de caño.
"Te referís a que los italianos la esperan mañana.
Me refiero a cuándo es la entrega.
Romina simuló haber respondido sonámbula.
"¡Armando! Disculpame.
Se había quitado el saco y la corbata y se notaba que la camisa que llevaba puesta no era para trasnoche en la oficina.
"¿Me estás diciendo que la entrega no está lista? Ya se fueron todos.
Todos no.
"¿Vos crees que cambia algo que te quedes vos sola? Son despreciables. Sobre todo esos marcianos del fondo. ¿Les dijiste que la entrega era mañana?
Todos les dijimos. Yo iba a hablar especialmente por el caso de hoy pero no me dieron tiempo. Se fueron puntuales.
"Mierdas que son. No te quedes, Romina, nos vamos a demorar de todas formas. Vamos. ¿Quién es la otra?
Se llama María Luz, trabaja en el sector comercial.
"No sé quién es. Vamos, te acerco.
Esperá que termino unas cositas. Dame cinco.
Armando hizo una de esas sonrisas que ameritaban un cigarrillo y una copa de vino. Y lo exigían.
"Si salís ahora pasamos por El Tinto, antes de San Isidro.
Romina sonrió. Luego bajó la mirada.
"Está bien, Armando. Me voy a quedar terminando. Andá si querés.
Bah… No tengo resto para insistir. Hasta mañana.
Armando salió por la puerta de su despacho y estaba Roque.
"Señor ¿usted vio las llaves de la señorita Victoria?
Victoria estaba en las sombras, no tan impaciente por el ascensor. Lo miró a los ojos con una mueca fácil de adivinar.
"Sí, Roque. Venía a preguntarle de quién eran. ¿Ustedes bajan?
Victoria asumió que Armando no tenía las llaves al mismo tiempo que el hecho de que no iba a necesitarlas.
By Leandro B.

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