miércoles, 18 de mayo de 2011

Capítulo 6: El itinerario

 Luego de la reunión los empresarios le preguntaron qué podrían hacer esa noche. La idea de la gala del perfume le vino a la mente, les dejó las direcciones y tras un saludo más formal volvió a su oficina. 


Estaban yéndose también los marcianos y los seguían Romi y Vicky. Sólo M. Luz se quedaba y se quedaría hasta tarde haciendo horas extras. Armando también tenia trabajo para hacer y por primera vez en mucho tiempo se quedó a terminarlo. 

A eso de las tres de la tarde lo llamaron Dago y Ciccio que habían tenido problemas con el hotel y querían salir a despejarse un rato. Les pidió que tuvieran paciencia y que a eso de las ocho los pasaría a buscar para ir a un tango bar. 

No tenia a mano más que a M. Luz a la que le ordenó que se fuera a su casa y se vistiera acorde. No era una gracia precisamente. Necesitaría un poco de suerte y algo de seducción pero si las cosas seguían este ritmo todo saldría muy bien. Intentó llamar también al dúo dinámico pero no contestaban. Una debía estar viajando en subte y la otra demasiado enojada por lo que había pasado en la mañana. A pesar de todo la tenía a M. Luz. La miró salir y pensó “Hay equipo”.

 A las siete y media pasó por la casa de M. Luz. Ella vivía con su madre, una anciana insoportable. Tendría unos setenta y había sido madre hacía veinte años pero parecía mucho mas vieja . 

María Luz salió vestida como Marcela Temer en la Asunción de Dilma en Brasil. Armando creyó escuchar que le gritaban puta desde dentro de la casa. 

- ¿Te gritaron puta?

- ¿Llamaron los italianos?

Armando alcanzó a comunicarle que uno era Ciccio, el mas grande y gordo de los dos y el otro, el que se veía más joven y lozano era Dago. Se la vio por un momento dubitativa pero al cabo de un tiempo dijo que no tenia intenciones de histeriquear con ninguno y que se haría pasar por su novia secreta, cosa que ninguno de los dos se sobrepasara. 

Armando entendió que sólo bajo esas condiciones iría y aceptó sus términos. No dejaba de sorprenderse con sus empleadas. Definitivamente los exámenes psicotécnicos no eran todo lo informativos que parecían.  

En la previa, los cuatro se divirtieron mucho. Armando les comunicó a los inversores que las otras dos compañeras de trabajo se unirían a ellos en la gala. Se divirtieron bastante intentando bailar y viendo a aquellos que ya dominaban el arte del taco y el porte. Incluso alcanzaron a reconocer unos lamentos de Goyeneche. 

El tiempo pasó entre risas. María Luz se excusó por irse un poco antes y así cambiarse antes de la gala. Quedaron los tres hablando y Armando se vio obligado a decirles que ella estaba saliendo con él. Era parte del trato pero la posibilidad no dejaba de distraerlo. Sobre todo le sorprendían las condiciones. "Nada que ver con  Victoria" pensó y por un momento creyó que a ella ya la tenía enamorada.  

Así llegaron a la gala y se pusieron a esperar. Las chicas  se encontraron en la entrada. M. Luz las saludó pero estaba pensando en otra cosa. Sabía que los muchachos ya estarían dentro. 

Pasaron y María Luz besó suavemente la mejilla de Armando. Las chicas no entendían. Victoria no podía creerlo. Romina empezaba a entender la situación y elegía a su víctima. "Desgraciado" pensaba Victoria. 

"Al fin y al cabo sólo estoy jugando con él."

Sólo había dos, Ciccio y Dago. Dago estaba pasable. Ciccio podría decirse que era bastante feo; feo, sí, pero serviría.

Armando ni la miraba. Reía, tomaba e intercambiaba anécdotas con María Luz.  Alrededor de las once empezó a tomar agua. Romina más allá bailaba pegada a Dago. Sabía que lo tenia todo excitado. Dago le mostró un anillo de oro y le dijo que si quisiera podría ser suyo. Romina agradeció estar simplemente bailando. 

Por un momento todos dejaron de moverse, se presentó el perfume que era exquisito y Victoria entre tantas recibió uno de regalo. Ella que justamente se había tomado todo lo que podía para ver con ojos más cariñosos al millonario rehén de Ciccio. A eso de la una y media no pudo más. 

Antes de salir, pasó cerca de Armando, le gritó barbaridades y le vació una copa de espumante sobre la camisa. Armando se volvió hacia Ciccio y durante el resto de la noche no pudo dejar de ver la sonrisa que llevaba en la cara.

por Daniel R.

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